Santo Cristo de la Salud de Almegíjar: tres siglos de historia, devoción y memoria
Detrás de la música, la pólvora, las reuniones familiares y la procesión existe una historia mucho más profunda
Cada mes de septiembre, Almegíjar vuelve a encontrarse con una de las tradiciones que mejor explican la identidad de este municipio de la Alpujarra granadina: las fiestas patronales en honor al Santo Cristo de la Salud. Se celebrarán los días 11, 12 y 13 de septiembre de 2026, y posteriormente durante su Octava, los días 18, 19 y 20, el pueblo revive una celebración que hunde sus raíces en más de tres siglos de historia.
Pero detrás de la música, la pólvora, las reuniones familiares y la procesión existe una historia mucho más profunda. Es la historia de una imagen que llegó a Almegíjar a finales del siglo XVII, que ha sobrevivido a guerras, pérdidas patrimoniales y restauraciones, y que continúa ocupando un lugar central en la vida de sus vecinos.
Un Cristo que llegó en 1699
Según la investigación del historiador del arte Isaac Palomino Ruiz, permite conocer con extraordinaria precisión las circunstancias en las que la imagen llegó a Almegíjar.
El 25 de febrero de 1699 se formalizaba la entrega de la talla a sus comitentes, Bartolomé Martín y Antonio Carmona. En aquel momento quedaban pendientes 744 reales de vellón que debían abonarse al escultor Diego de Mora para completar el pago de la imagen.
Frente a la imposibilidad de satisfacer entonces aquella cantidad, se formalizó un compromiso notarial por el que los comitentes se obligaban a pagarla antes del 15 de agosto, festividad de Nuestra Señora. En caso de incumplimiento, Diego de Mora podía emprender las acciones legales correspondientes para reclamar la deuda, incluso enviando un cobrador al lugar donde se encontrarán los deudores.
Lo realmente singular es el escenario de aquel acuerdo. El compromiso se formalizó en el propio taller del escultor, ante la talla del crucificado. Actuaron como testigos Salvador Blanco de Luna y otro Diego de Mora, pariente del artista.
Así, una vez formalizado el compromiso, la imagen salía del taller de Diego de Mora camino de Almegíjar.
Más de tres siglos después, resulta difícil imaginar que el Cristo que hoy preside las fiestas patronales de septiembre comenzó su historia en el taller de uno de los grandes escultores del Barroco granadino, en unas circunstancias perfectamente documentadas.
La huella de los Mora
Finalmente, de la imagen resulta inevitable establecer una comparación con la obra de su hermano mayor, José de Mora, y particularmente con el conocido Cristo de la Misericordia.
La similitud y contraste ambas esculturas permiten situar el Cristo de Almegíjar dentro del extraordinario contexto de la escultura barroca granadina y apreciar, al mismo tiempo, la personalidad artística de Diego de Mora.
No estamos, por tanto, únicamente ante una imagen de profunda devoción local. Estamos también ante una pieza que forma parte de la historia artística de Granada y de la tradición escultórica de la familia Mora.
Una devoción que traspasaba las fronteras del pueblo
Por otro lado, Martín Megías, nos cuenta, que la documentación conservada permite comprobar que la devoción al Santo Cristo había adquirido una dimensión notable ya en el siglo XIX.
El 16 de septiembre de 1889 aparece documentada la necesidad de aprobar unas constituciones para regular la administración de los fondos pertenecientes a la imagen y el proyecto de creación de una Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud.
El objetivo era establecer los derechos y obligaciones de sus miembros y garantizar los recursos destinados al culto de la imagen y al esplendor de sus festividades.
Pero hay un dato especialmente revelador. El documento recoge que, desde hacía muchos años, fieles procedentes de otros pueblos tenían la costumbre de acudir a Almegíjar el 14 de septiembre para visitar la Sagrada Imagen. Esos devotos realizaban ofrendas voluntarias para atender a su culto.
La fiesta, por tanto, ya entonces trascendía el ámbito estrictamente local.
Los fondos recaudados durante la función permitían sufragar gastos como la música, el castillo y otros servicios necesarios para la celebración. Incluso se contemplaba entregar un celemín de cebada a los propietarios de las caballerías que transportaban hasta Almegíjar a quienes acudían a las fiestas.
La documentación señala que entre el día del Santo Cristo y la Octava se esperaba recaudar 880 reales en metálico y 43 fanegas de trigo.
Aquellos recursos también permitían atender las necesidades materiales del culto. Entre las actuaciones documentadas aparecen la construcción de un retablo para la Sagrada Imagen, con un coste de 2.200 reales, y la adquisición de un armonio, por 1.800 reales, además de la existencia de un magnífico sudario de plata, adornado con elementos del mismo metal y borlas de oro.
La dimensión económica que había adquirido la devoción explica también la intervención de la autoridad eclesiástica. El fiscal general interino del Arzobispado reclamó que se aclarasen las cantidades pendientes de años anteriores, que se elaborase un proyecto de constituciones más completo y que se presentasen con claridad las cuentas correspondientes a la administración de los fondos del Cristo.
La devoción había generado, en definitiva, una verdadera estructura organizativa y económica alrededor de la imagen.
El patrimonio perdido
A comienzos del siglo XX continuó enriqueciéndose el patrimonio del Santo Cristo.
En 1914 se construyeron unas andas de plata de la casa Meneses de Madrid, destinadas a las fiestas del 14 de septiembre. Eran mayordomos D. Antonio García Noguerol y D. Francisco Ruiz Martín, siendo cura D. José Constantín Bertrán.
Tres años después, en 1917, el Cristo estrenó un manto-pabellón de terciopelo rojo bordado en oro, pieza que, afortunadamente, se conserva en la actualidad. En aquel momento era mayordomo D. Francisco Rodríguez Fernández y ejercía como cura D. José Constantín Bertrán.
Pero buena parte de aquel patrimonio desaparecería pocos años después.
Durante la Guerra Civil de 1936-1939 fueron destruidas las andas de plata y también las anteriores andas de madera. La propia imagen sufrió mutilaciones y le fueron retirados los ojos.
La memoria oral de Almegíjar conserva, además, un episodio especialmente llamativo relacionado con aquellos años. Según la tradición transmitida por los vecinos, el Cristo fue escondido en una casa del pueblo para protegerlo y quedó bajo la custodia de Araceli Ramos.
La tradición oral añade que, algunos años después, Araceli también quedó ciega. Se trata de un relato perteneciente a la memoria popular de Almegíjar y, por ello, debe entenderse como tal, sin establecer una relación causal entre ambos acontecimientos. Pero precisamente estas historias forman también parte del patrimonio inmaterial que rodea a una imagen que ha acompañado durante generaciones la vida del municipio.
Restauraciones y recuperación
La historia del Cristo es también la historia de sus restauraciones.
En 1865 la imagen fue restaurada en Almegíjar, siendo cura D. Mateo Victoria.
En 1941, después de los daños sufridos durante la Guerra Civil, se llevó a cabo una nueva restauración, en la que se recuperaron los ojos.
En 1945 se culminó otra actuación fundamental para el culto de la imagen: la terminación de su camarín. Eran mayordomos D. José Viciana Martín, D. Francisco de la Torre Rueda y D. José Sáez Romero; ejercía como cura encargado D. José Antonio Castillo García y como Mayordomo de Altar, D. Manuel Coca Castilla.
La última restauración de la imagen se realizó en 2018, a cargo del maestro José Luis Aranzana Caracoche.
Cada una de estas intervenciones representa, en realidad, una misma voluntad: conservar para las generaciones futuras una imagen que forma parte inseparable de la historia de Almegíjar.
325 años después
En 2024, Almegíjar celebró el 325.º aniversario de la llegada del Santo Cristo de la Salud. La efeméride permitió mirar hacia atrás y recordar que aquella imagen lleva más de tres siglos acompañando a los vecinos del municipio.
Desde aquel 25 de febrero de 1699 han cambiado las generaciones, las costumbres y las circunstancias históricas. Han desaparecido antiguas andas, se ha perdido patrimonio, la imagen ha tenido que ser restaurada y su propia integridad física llegó a verse amenazada durante la Guerra Civil.
Sin embargo, hay algo que permanece.
Cada septiembre, cuando el Santo Cristo vuelve a salir al encuentro de su pueblo, se produce una especie de diálogo entre el pasado y el presente. En torno a la imagen se reúnen quienes permanecen todo el año en Almegíjar y quienes regresan para estas fechas. Se encuentran generaciones, recuerdos y familias. Se mantiene una tradición religiosa, pero también una tradición profundamente humana.
Las fiestas patronales de los días 11, 12 y 13 de septiembre, y su posterior Octava los días 18, 19 y 20, son mucho más que una sucesión de actos festivos. Son la expresión visible de una memoria colectiva que lleva más de tres siglos construyéndose alrededor de una imagen.
El Santo Cristo de la Salud ha sido testigo de la historia de Almegíjar. Y Almegíjar, generación tras generación, ha sido custodio de su historia.
Quizá ahí reside la verdadera grandeza de esta celebración: cuando cada septiembre el pueblo vuelve a celebrar a su patrón, no solo se honra una imagen de 1699; se honra también la memoria de quienes la recibieron, la protegieron, la acompañaron y la mantuvieron viva durante más de tres siglos.
Artículo elaborado por el historiador – jurídico José Manuel Martín Megías

