Pórtugos revive la tradición alpujarreña con su IV Fiesta de la Matanza

La plaza del pueblo acogió una variada muestra de productos tradicionales: vinos, mieles, chocolates, jamones, castañas, embutidos, repostería casera, bisutería, cerámica, cosmética natural, pintura o collage

Pórtugos se convirtió el pasado fin de semana del 29 y 30 de noviembre en el epicentro de la tradición y la memoria colectiva durante la celebración de la IV Fiesta de la Matanza. El municipio volvió a recrear una de las costumbres más arraigadas en La Alpujarra, aquella que hace apenas unos lustros se repetía en la mayoría de las casas: la crianza del cerdo y su sacrificio en los meses fríos del invierno, cuando la matanza marcaba el ritmo y la convivencia de cada familia.

“Ha sido una hermosa tradición que volvió a atraer a muchos visitantes”, asegura el alcalde, Javier Vázquez, durante la cita. El regidor ha destacado que el mercadillo de artesanía y alimentación ha permitido a los asistentes disfrutar de una amplia oferta de productos locales, “perfectos para el turismo y para conocer más sobre la cultura de La Alpujarra y de nuestro pueblo”. Pórtugos, añade, «se ha transformado estos días para rendir homenaje a aquella vida rural que giraba en torno al cerdo. Pretendíamos recrear lo que se vivía en esos días de matanza, y hemos conseguido que el ambiente fuera lo más parecido posible”.

La plaza del pueblo acogió una variada muestra de productos tradicionales: vinos, mieles, chocolates, jamones, castañas, embutidos, repostería casera, bisutería, cerámica, cosmética natural, pintura o collage. La IV Fiesta de la Matanza y Recuperación de Tradiciones volvió a nacer, una vez más, con el objetivo de “revivir sabores, costumbres y el ambiente de antaño”.

La programación, extensa y pensada para todos los públicos, combinó música en vivo, talleres, degustaciones y actividades que acercaron al visitante al espíritu de la vida tradicional alpujarreña. Desde la recepción de los cerdos sacrificados en el matadero hasta la fiesta infantil, pasando por talleres de gastronomía y caricaturas, la exposición de utensilios antiguos de matanza o las degustaciones de vino y jamón. La esperada comida matancera cerró el recorrido sensorial por un modo de vida que aún permanece en la memoria colectiva.

Para muchos vecinos, esta celebración supuso una vuelta a su propia historia. Hasta no hace tanto tiempo, en cada casa de Pórtugos se criaba uno o varios cerdos, pieza fundamental para garantizar el sustento anual de las familias. El alcalde recuerda aquellos días “de mucho frío, durante los meses de diciembre y enero, cuando el aire te calaba hasta los huesos”.

Las jornadas de antaño en la matanza comenzaban temprano. Quienes participaban en la matanza se reunían en la casa a la que le tocaba aquel año, en un trabajo de tornapeón, donde las familias se ayudaban unas a otras. El desayuno, contundente, abría la mañana: café, una copa para espantar el frío y dulces caseros. Luego empezaba el ajetreo. Tras la muerte del cerdo, se recogía la sangre para elaborar morcillas y se preparaba el tradicional almuerzo matancero, unas patatas con asadura que reunían a todos alrededor de la mesa. Los animales se dejaban abiertos en canal para que la carne, endurecida por el frío nocturno, estuviera lista para la elaboración de embutidos al día siguiente.

La IV Fiesta de la Matanza de Pórtugos no solo celebró una tradición; la devolvió a las calles con el orgullo de quien reconoce en ella parte de su identidad. Durante un fin de semana, el municipio volvió a latir al ritmo de su pasado.