Josefa Aragón Iglesias, un siglo de vida entre Mecina-Fondales, París y Pitres

Esta alpujarreña ha cumplido sus 100 años rodeada de gran parte de su extensa familia

La alpujarreña Josefa Aragón Iglesias acaba de alcanzar un hito tan extraordinario como hermoso: cumplir 100 años. Un siglo de vida que comenzó en Mecina-Fondales y que hoy continúa, sereno y luminoso, en Pitres, el pueblo donde reside desde hace más de tres décadas.

Josefa es la segunda de ocho hermanos (en total eran cinco hermanas mayores y tres hermanos pequeños) de los cuales hoy solo permanecen con vida tres: dos hermanas de 98 y 94 años y un hermano de 88. Una familia extensa y unida que ha sido siempre su mayor orgullo y su refugio.

Con poco más de 20 años inició un camino valiente y entregado ingresando en las Hermanas Hospitalarias de Ciempozuelos, en Madrid. Años más tarde, antes de cumplir los 40, su vocación la llevó hasta París, donde permaneció ligada a la orden durante 18 años más. Tras su secularización, continuó en la capital francesa otros ocho años, trabajando en un hospital, país en el que incluso obtuvo la nacionalidad.

Ya cumplidos los 65 años, Josefa decidió regresar a España. Durante un tiempo acompañó a personas mayores en Granada hasta que sintió que debía volver a su pueblo natal, Mecina-Fondales, para cuidar de sus padres, ya muy ancianos. Permaneció junto a ellos hasta su fallecimiento, honrando con entrega y ternura un vínculo imposible de medir.

Poco después decidió establecerse definitivamente en Pitres, donde vive sola desde hace más de 30 años. Aun con su edad, mantiene una admirable autonomía, acompañada únicamente por una asistente domiciliaria que acude un par de horas al día. De carácter abierto y conversación fácil, Josefa disfruta especialmente hablando con su familia. Le encanta la elegancia en el vestir, valora profundamente el orden y la limpieza, y admira a quienes pudieron estudiar, algo que siempre hubiera deseado para sí misma. Su mente, lúcida y despierta, conserva una memoria prodigiosa que asombra a todos los que comparten un rato con ella.

Recientemente, Josefa celebró su 100 cumpleaños en el Hotel Maravedí, en Capilerilla, rodeada de más de 30 familiares. A la comida asistieron uno de sus hermanos con su esposa, además de un cuñado, una cuñada y sus 14 sobrinos, muchos acompañados de sus parejas. Sus dos hermanas, aunque con vida, no pudieron viajar. Entre brindis de cava y sonrisas, Josefa se mostró emocionada y profundamente feliz de haber logrado reunir a tantos seres queridos en un día tan especial.

Un siglo después de aquel amanecer en Mecina-Fondales, la vida de Josefa sigue siendo un ejemplo de fortaleza, cariño y memoria. Un relato que honra a toda La Alpujarra y que demuestra que llegar a los 100 años es algo más que cumplir tiempo: es haberlo vivido con amor, entrega y dignidad.