Barja, la alquería desaparecida que empieza a contar su historia

La primera campaña arqueológica en este despoblado de Barja documenta viviendas de los siglos XVIII y XIX y abre una nueva vía para conocer la vida cotidiana en la Alpujarra histórica

El trabajo desarrollado por el Laboratorio de Arqueología Biocultural MEMOLab, de la Universidad de Granada, vuelve a situar a la Alpujarra en el centro de una investigación arqueológica de calidad, vinculada al territorio, al paisaje histórico y a la mejora del medio rural. Su intervención en Barja, respaldada por el Ayuntamiento de Cáñar y dirigida por el arqueólogo Blas Ramos Rodríguez, socio de la Sociedad Científica CEHVAL, confirma la importancia de estos proyectos para conocer, conservar y activar el patrimonio de nuestros pueblos.

Hubo un tiempo en que Barja fue una pequeña comunidad agrícola alpujarreña. En sus casas vivían familias dedicadas al cultivo de la tierra, al cuidado del agua y al aprovechamiento de un paisaje de fuertes pendientes, bancales y acequias. Hoy, más de dos siglos después de sus últimos momentos de ocupación, la arqueología empieza a devolver forma material a aquella vida desaparecida.

Durante la segunda quincena del pasado mes de mayo se desarrolló la primera campaña de excavación arqueológica en el despoblado de Barja, en el término municipal de Cáñar. La intervención fue financiada por el Ayuntamiento de Cáñar y contó con el respaldo del Laboratorio de Arqueología Biocultural MEMOLab, de la Universidad de Granada. La dirección científica de los trabajos estuvo a cargo de Blas Ramos Rodríguez, arqueólogo y socio de la Sociedad Científica CEHVAL, cuya labor está contribuyendo de forma destacada al conocimiento arqueológico e histórico de la Alpujarra.

Para la Sociedad Científica CEHVAL, esta campaña supone una noticia especialmente relevante. Lo es por el valor patrimonial del enclave, por la calidad del trabajo que MEMOLab viene desarrollando en los paisajes culturales de la Alpujarra y por la satisfacción de ver a uno de sus socios al frente de una intervención pionera en la comarca. Desde CEHVAL queremos felicitar expresamente a Blas Ramos Rodríguez por la dirección de esta excavación, así como al equipo de MEMOLab, al Ayuntamiento de Cáñar y a todas las personas profesionales, investigadoras, estudiantes y voluntarias que han hecho posible la campaña.

Barja conserva los restos de una antigua alquería cuyo estudio permite asomarse a la evolución del poblamiento rural en la Alpujarra. Esta primera intervención arqueológica realizada en la comarca sobre los restos de un asentamiento de estas características ha aportado ya datos relevantes sobre los últimos niveles de ocupación del poblado, fechados en torno a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Los trabajos se centraron en dos sondeos abiertos en la parte más baja del yacimiento. El primero permitió excavar hasta tres estancias, identificadas como la parte inferior de una vivienda del siglo XVIII. Dos de esos espacios han sido interpretados como posibles cuadras, con solería empedrada, un tipo de pavimento habitual en dependencias vinculadas al ganado y al trabajo doméstico.

El segundo sondeo sacó a la luz los restos de otra estructura, presumiblemente doméstica, que conservaba una pavimentación de mortero de cal. El edificio había sufrido un intenso proceso de remodelación y acabó enterrado bajo un predio agrícola. Durante el siglo XIX, la estructura fue colmatada de forma intencionada para crear un espacio aterrazado destinado al cultivo, una transformación que refleja la adaptación constante del territorio a las necesidades productivas de sus habitantes.

En ambos casos se recuperó un abundante conjunto de materiales domésticos, actualmente en proceso de estudio. Las evidencias documentadas apuntan, además, a un abandono planificado del lugar, con cegamientos estructurales posteriores y remodelaciones que muestran la evolución y la polifuncionalidad de Barja durante sus últimos momentos de vida.

La excavación dialoga ahora con otras fuentes históricas que ya habían permitido conocer parte del pasado del enclave. En particular, el estudio sobre Cáñar y Barja en el Catastro de Ensenada de 1752, realizado por Raúl Ruiz Álvarez, de la Universidad de Cádiz, y Ángel Ignacio Aguilar Cuesta, de la UNED, documenta la existencia de 62 familias en Barja a mediados del siglo XVIII, dedicadas principalmente a la agricultura y vinculadas a una red de regadío articulada en torno a la acequia histórica del lugar.

La arqueología añade una nueva capa a esa memoria escrita. Donde los documentos hablan de familias, oficios, tierras y aprovechamientos hidráulicos, los sondeos muestran viviendas, pavimentos, cuadras, remodelaciones y objetos cotidianos. Juntas, ambas miradas permiten reconstruir con mayor precisión la vida de una comunidad que habitó y transformó este paisaje durante siglos.

La investigación entra ahora en una fase decisiva: el estudio de los materiales recuperados y el análisis detallado de las estructuras excavadas. Sus resultados permitirán conocer mejor la historia de Barja, sus formas de ocupación, su relación con el agua y el proceso que condujo al abandono de esta antigua alquería.

El proyecto confirma, además, el valor de una arqueología comprometida con el territorio. MEMOLab viene demostrando que la investigación histórica, cuando se desarrolla con rigor científico, vocación pública y sensibilidad hacia las comunidades locales, puede convertirse en una herramienta de conocimiento, conservación y mejora del medio rural. En Barja, esa labor se traduce en una oportunidad para recuperar memoria, reforzar la identidad de Cáñar y abrir nuevas vías de futuro para el patrimonio cultural de la Alpujarra.

Desde la Sociedad Científica CEHVAL seguiremos con especial atención los avances de este proyecto, convencidos de que Barja tiene aún mucho que contar sobre la historia rural de Cáñar, de la Alpujarra y de los paisajes culturales que han dado forma a este territorio.